La apicultura se suma como una buena alternativa económica para los angosturenses

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Elsa y Jorge Barbagelata resolvieron por 2014 dedicarse a la apicultura como proyecto productivo para estar en contacto con la naturaleza. Hoy, comercializan con éxito su producción.

 

El primer contacto surgió casi por curiosidad, pero una vez que conoció el mundo de la apicultura Elsa Barbagelata encontró una actividad que le apasiona.

Elsa es docente jubilada y relató que siempre le gustó estar en contacto con la tierra. Se enteró en 2014 del curso de apicultura y convenció a su esposo, Jorge Barbagelata, para que juntos aprendieran sobre una actividad que desconocían.

Hoy, son productores de miel que producen decenas de colmenas que tienen en un terreno de un familiar en la zona de Selva Triste y en otro lote situado en Villa Llanquín.

En una entrevista con LA ANGOSTURA DIGITAL Elsa recordó que el curso lo había dictado personal capacitado que viajó en 2014 desde San Martín de los Andes y que integrn el Programa Apícola de la provincia.

“Comenzamos con dos colmenas como para aprender a manejar las abejas y después tuvimos diez”, comentó la mujer.

Dijo que la sorpresa fue mayúscula cuando descubrieron que la producción de las abejas había generado casi 300 kilos de miel que almacenaron en un tambor.

“Nos preguntamos con mi marido ¿qué hacemos ahora con tanta miel?”, relató Elsa. Resolvieron comenzar a buscar información y asesoramiento para tratar de comercializar su producción.

Allí, iniciaron el contacto con el área de Bromatología de la municipalidad.

“Compramos un extractor y nos dejaron utilizar la sala de elaboración del municipio mediante un convenio”, recordó. Como parte del convenio, Elsa contó que dejaron el extractor en la sala de elaboración, que funciona en el viejo hospital.

De esa forma avanzaron con los trámites y lograron obtener la habilitación municipal para trabajar con su miel y venderla con el sello “Ecomiel”.

Elsa explicó que la cosecha de miel empieza a finales de año cuando finaliza la etapa de la floración. El néctar de las flores es una de las pieza clave de la cadena productiva y natural. Por eso se preparan para iniciar el proceso.

Recordó que tiempo atrás llegaron a tener 30 colmenas, pero decidieron bajar un poco la cantidad porque la idea era disfrutar de la actividad y tener muchas colmenas implicaba un mayor esfuerzo físico.

Diferencias

Comentó que decidieron llevar algunas colmenas a Villa Llanquín porque observaron que en invierno sufrían mucho las abejas en Villa La Angostura.

Por eso, Elsa destacó que la diferencia que existe entre las mieles surge fundamentalmente de las flores del entorno donde viven y producen las abejas. Eso influye en el color, en la textura, en el sabor. “La miel de Villa La Angostura es de buena calidad”, aseguró.

Dijo que el año pasado obtuvieron el segundo premio en mieles claras, en un concurso provincial que se hizo en Aluminé.

Explicó que visitan las colmenas una vez por semana para observar que tengan espacio suficiente, que estén bien y analizar la producción.

Luego, el trabajo sigue con la preparación de la cosecha y todos los materiales e insumos que demandará la etapa de la extracción.

“Hay que tener mucho cuidado con la higiene para que no le entre tierra, ni otros elementos porque la miel que se extrae es la que después se va a comercializar”, manifestó.

Dijo que las abejas reina se compran en un criadero que funciona en el Alto Valle, que trabaja genéticamente para que no sean agresivas y estén adaptadas al clima y que produzcan bien.

Por colmena puede haber entre 30 y 40 mil abejas, pero ese número se puede reducir en invierno hasta la mitad.

Elsa dijo que siempre trabajan con protección para prevenir, pero aclaró que no son agresivas como ocurre con las chaquetas amarillas, que son una especie agresiva.

“Abrir una colmena y ver qué pasa ahí adentro es muy interesante”, sostuvo.

Dijo que estaba convencida de haber optado por la producción apícola como proyecto productivo. “Es muy lindo y tiene varios objetivos porque no sólo es la producción de miel, sino que además es una actividad que colabora con el medioambiente”, destacó.

Comentó que hay que proteger a las abejas de un piojo que las ataca. Para eso, se les aplica un remedio. También se les provee alimento en invierno para que puedan sobrevivir y señaló que si la colmena está fuerte se puede defender de las chaquetas amarillas.

Elsa describió que cada año la producción varía. Hay años donde una colmena puede producir unos 20 kilos de miel en promedio, pero otros años menos. Todo depende de la primavera y la floración.