Porqué los jóvenes de Villa La Angostura no aceden a puestos de trabajo claves en la actividad turística

Economía
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Juan Aubert propone la concreción de un Instituto de Calidad Turística local, que valdría como base para una futura Facultad de Turismo. El objetivo es calificar a los jóvenes de Villa la Angostura

 

La definición de los jóvenes como objeto de intervención social y como objeto de estudio, en los últimos años ha ido ganando lugar en las agendas gubernamentales tanto a nivel país, como internacionalmente. Su abordaje ha fue cambiando a la par de las transformaciones productivas, tecnológicas, culturales y simbólicas.

En la Argentina de la recuperación democrática, la preocupación del Estado sobre la cuestión juvenil, se basaba en necesidad de formar “buenos” ciudadanos para la democracia, así como trabajadores capaces de asimilar los cambios tecnológicos y de adaptarse a las condiciones de “modernidad”.

A medida que los gobiernos democráticos se fueron sucediendo, aparece otro fenómeno “ser joven y ser pobre” fue uno de los temas privilegiados de profesionales y gubernamentales en materia de política educativa, social y laboral. De este modo, la emergencia del interés por facilitar la integración social de la “juventud” surge a partir de la identificación de este grupo poblacional particularmente vulnerable.

Llegamos a la actualidad y vemos claramente que todas las políticas públicas destinadas a la juventud, fueron un fracaso y aquí me pregunto con toda contundencia, si la democracia no le ha dado respuestas a este sector – y podría seguir con otros – ¿Que confianza tendrán los jóvenes en el Estado? es decir, en sus Instituciones, en su República. Verdaderamente preocupante no.

Hay que destacar y comprender, que cuando hablo de juventud no lo hago refiriéndome a un grupo etario único y homogéneo, me refiero a un grupo social heterogéneo, atravesado por las múltiples problemáticas que afectan de manera general a toda la sociedad, a los niños, jóvenes y mayores adultos especialmente. Fenómenos tales como, la poca cobertura de algunos servicios básicos, la escasez de oportunidades educativas y laborales, la dificultad de acceso a los servicios de salud y la falta de una perspectiva de prevención y de futuro. Flagelos sociales a partir de su exclusión como: la droga, consumo de alcohol, sexualidad promiscua, violencia en el hogar, abandono escolar, bullying, grooming, son algunos de los principales problemas que afectan a la población joven en su conjunto.

La inclusión de los jóvenes sigue siendo un tema de relevancia en el discurso de los gobiernos pero se nota su ausencia y carencia de sentido en los propios hogares. La agenda política actual, sigue siendo el eje fundamental para el diseño y desarrollo de políticas públicas pero la vorágine de los acontecimientos diarios, no permiten que lo que en ellas se planifique, llegue verdaderamente a ellos.

Este es el resultado de la complejización de los canales de transición hacia la vida adulta, y también la persistente vulnerabilidad de la población joven que surge a raíz de la falta de canales de acceso que faciliten su inserción en el mundo laboral. Queda expuesto, porque el ciudadano no cree, porque las soluciones a sus problemáticas, no llegan y el Estado está cada vez más ausente.

Villa la Angostura no escapa de ésta problemática, basta con recorrer los barrios y conversar con los vecinos de éstos u otros tantos temas, para darnos cuenta que no todo está bien. Estamos en el jardín de la Patagonia, pero nuestros hijos están marchitos, por falta de amor, de contención, de horizontes claros, de verdad y de buenos ejemplos.

Frente a todas estas dificultades y una mediocre educación – que no es por falta de los educadores o instituciones, sino el claro fracaso del sistema educativo actual, tal como está planteado. Los jóvenes que llegan a poder terminar el secundario y deciden seguir estudiando, porque sus padres pueden asistirlos y otros, encuentran la forma para trabajar y estudiar, los que deciden viajar y trabajar, tienen sus horizontes más claros, pero hay otro porcentaje alto que se queda, no encuentra una salida laboral digna, por lo general los ocupan para puestos poco relevantes y su contratación es marginal. Forman pareja muy tempranamente, procrean, no encuentran vivienda, por lo tanto viven con algún familiar, no pueden acceder a un alquiler por los bajos ingresos, el que tiene posibilidad de llegar a un terreno, luego no accede al crédito para construir su vivienda y así, podría enumerar un sinnúmero de situaciones.

Frente a esta mediocridad y soberanía del no poder hacer, los jóvenes no tienen alternativas locales para mejorar su vinculación con el arte de la hospitalidad -por ejemplo- no se observan políticas públicas municipales o provinciales para dar una alternativa de mejoramiento integral, si bien hay capacitaciones y cursos, no son suficientes; siguiendo con el ejemplo, para aquellos establecimientos de superiores categorías, que reciben turismo internacional y del segmento ABC1, y en general para el entrenamiento que debe tener la comunidad en su conjunto.

De existir un programa de desarrollo estratégico de largo alcance, como el que en el año 2012 se generó, pero brilla por su ausencia en la aplicación concreta, seguramente el impacto sobre estas problemáticas sería sustancialmente menor. Nobleza obliga, es alentador escuchar, que se está trabajando en la creación de datos estadísticos amplios y confiables a través de un Ente público privado. Auspiciosa concreción, que aportará amplia información para la toma de decisiones.

Me pregunto cuál es la actividad de mayor ocupación laboral a nivel local y, claramente surge que es el Estado en sus versiones nacional, provincial y municipal, por lo que el fomento a la actividad privada, sólo se sostiene con el esfuerzo, el coraje de muchos emprendedores, empresarios, comerciantes y profesionales del turismo que apuestan por nuestro destino, por ello la tasa de inversión en la Argentina es bajísima y ésta, es una de las causas principales de nuestro nivel de pobreza, parece que al Estado no le importa o sí, pero es tan pandémica su gestión que devora todo antes de que llegue el que lo requiera.

En Argentina, existe el Instituto de Calidad Turística orientado a la medición de las empresas turísticas y proporcionar herramientas para el Sector Público, pienso que bien podríamos trabajar para la concreción de un Instituto de Calidad Turística local, (valdría como base para una futura Facultad de Turismo) orientado a la capacitación de los ciudadanos en general, frente al turismo y de aquellos que quieran perfeccionarse en carreras cortas de nivel terciario, como técnicos, guías, especialistas en el acervo cultural de la localidad, idiomas, etc. Al tiempo de ser también un fiscalizador de la calidad turística local y dar trabajo a tantos buenos profesionales que tiene nuestra Villa.

Claro desde el punto de vista escrito parece muy fácil decirlo pero muy difícil en la práctica hacerlo, para no caer en las mismos resultados del Estado frente a los jóvenes. La iniciativa debe surgir de la gobernanza local, su constitución puede ser mixta, privada o pública, a través de convenios con la Universidad del Comahue, por ejemplo. Seguramente podrán surgir otras ideas y mejores por cierto, pero algo hay que hacer y ya.

A la actividad turística le beneficiaría enormemente, a la hora de contratar personal local altamente capacitado y a la comunidad en general, por contar con nuevas herramientas para la atención y trato en la cultura del detalle, con nuestros visitantes.

Un seguidor y fanático de la ciudad, que viene desde hace 30 años –me decía- “En los últimos 10 años el nivel de Villa La Angostura, ha decrecido enormemente y los desarrollos inmobiliarios se han proliferado por todo el ejido, sin un plan regulador serio y planificado, que los lleve a conservar las características del destino y respetar el ambiente”.

Y agrego, lo que ocurre que estamos acostumbrados a que lo haga el que gana pero el que gana, se preocupa por volver a ganar y sólo se acuerda del ciudadano al momento de las elecciones, por lo tanto, los que tenemos que cambiar somos los ciudadanos, nosotros debemos organizarnos, hacer y reclamar e inteligentemente inventar una forma que los gobiernos nos escuchen.

Que la mediocridad no nos haga bajar los brazos, si verdaderamente creemos que este lugar debe formar parte de nuestra identidad, no sólo por el paisaje, sino por la organización de su gente y por la calidad de vida de todos los que vivimos en él.

Así diremos con orgullo ¡TODOS SOMOS ANFITRIONES DEL DESTINO!

 

Juan Aubert

Cel.: +54.9.294.4485530

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www.anfitriones.com.ar

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