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Sat, Apr

Destacan el incluir a veteranos y a la Guerra de Malvinas en el curricular escolar neuquino

Carta de lectores
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El vecino Alejandro Povolo expresa sobre esta iniciativa "a una personalidad pacífica, paciente y tolerante se la instruye  desde temprana edad. En esto la escuela tiene un rol preponderante".

 

Sr. Director:

La Angostura Digital publicó ayer que “Neuquén incluirá a Malvinas y sus veteranos en el diseño curricular de las escuelas”. Permítaseme la oportunidad de hacer algunos breves comentarios que pueden servir a esa iniciativa. Un veterano es aquel que tuvo la desgraciada fortuna de tener que ir a una guerra.

Su testimonio es muy valioso,  en tanto exprese el sufrimiento y las dramáticas secuelas que deja una guerra en el alma de un ser humano. No interesa  la nacionalidad o el nivel sociocultural del combatiente. A todos afecta por igual. ¿Quién  quiere sufrir la pérdida de un ser querido en una guerra o quedar con secuelas de por vida?  

En este sentido, quien resulta obligado a ir a la batalla es, esencialmente, una víctima de la violencia, el odio y el fanatismo. Esto se vio muy claramente en la guerra de Malvinas. ¡El pueblo enceguecido fue a vivar a la Plaza de Mayo a un dictador ebrio!  Y en esa misma plaza rondaba un grupo de madres que lloraban seres queridos que también fueron devorados por la violencia. 

Recordemos durante aquellos años nefastos y  con especial  vivencia  en esta zona  de frontera,  la iniciativa para ir a la guerra contra  nuestros hermanos chilenos. ¡Tuvo que intervenir el Papa Juan Pablo II, hoy Santo de la Iglesia, para evitarla!

En las Malvinas vivía un pueblo cuyos habitantes trabajaban en paz, casi aislados del mundo y en condiciones climáticas duras. El gobierno argentino fue responsable de llevar una guerra a un lugar donde la gente vivía en paz y tengo entendido que ningún presidente o ministro de relaciones exteriores de la democracia, pidió oficialmente perdón a esas gentes inocentes por tamaña falta. Nada más importante, tanto a nivel personal como social, que la paz.

A una personalidad pacífica, paciente y tolerante se la instruye  desde temprana edad. En esto la escuela tiene un rol preponderante: Educar para la cooperación, en lugar de la competencia ; enseñar a poner las capacidades individuales al servicio de los demás; derribar fronteras, para avanzar hacia la integración mediante el aporte de lo mejor y más auténtico de cada uno y de cada pueblo.

El mal es una realidad a la que el hombre está  expuesto todo el tiempo, por lo que siempre rondará  una tentación para justificar un acto de violencia. Las atrocidades de las guerras mundiales del siglo pasado son un ejemplo que todavía conmueve y entristece a la humanidad entera.  Lo primero que uno se cuestiona es: ¿cómo pudo suceder algo así?

Sin embargo, las preguntas a ensayar deberían ser muchas más!Los signos de los tiempos nos están indicando la necesidad de nuevas generaciones realmente comprometidas con la paz, la honestidad y la vocación de servicio.  Es esencial  trabajar por una currícula escolar que incluya como principal objetivo esos valores. Si vamos a hablar de la guerra, pues que sea para enseñar como esta los destruye.  

Entonces, nos preguntaremos: ¿Cómo puedo poner la otra mejilla; dónde está el rostro sufriente de un hermano necesitado;  Cómo escapar a las asechanzas del mal con sus tan engañosas, ocultas  y serpenteantes formas;  Cómo convertirnos en portadores de una lámpara que pone luz donde hay tinieblas? Como dice San Pablo:“Si no tengo amor, no tengo nada”.

La vida de cada uno de nosotros es sagrada y muchas de las cosas que valoramos como importantes son ficciones que abren puertas a espacios vacíos.

Hay que cuidarse y cuidarnos mutuamente, para estar sanos, fuertes y atentos;  aprovechando  plenamente todas las gracias que Dios quiere derramar en nuestras vidas para que seamos libres de las ataduras que nos alejan del amor.

Una vez le preguntaron a Jesús: ¿Cómo podemos hacer. Es imposible? Él respondió: ¡Para el hombre sí, pero para Dios nada es imposible! Su resurrección, que en pocos días volverá a hacerse presente entre nosotros el domingo de Pascuas, abre un portal a la nueva Vida, que es Eternidad en Dios. Y es en esta vida donde nos jugamos la posibilidad de sembrar para que así sea. 

Hablar con la verdad sobre la guerra, el odio, la violencia y cualquier otra manifestación que nos aparte de la  ley de leyes, resumida en “amar a Dios y al prójimo como a uno mismo”, es una excelente oportunidad para cultivar vida y un ejemplo de cómo Dios puede sacar tan buen fruto de tanta desgracia!

Felicitaciones a los veteranos por la iniciativa y por esta nueva apertura a la posibilidad de ser reconocidos como merecen.  

Alejandro F. Povolo  

Villa la Angostura