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Sat, Mar

Ocupación en tierras del ISSN: “Queremos un acta compromiso que nos permita construir nuestros hogares”

Carta de lectores
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Guillermo Solís escribe en nombre de los "Vecinos Autoconvocados - Vecinos sin Techa VLA" ante el paso del tiempo y la falta de respuestas. 

 

Sr. Director:

Llevamos casi cuatro meses en este pedido de tierras y entendemos que no se nos está escuchando, estamos seguros, que cuatro meses no significó demasiado tiempo para nuestros gobernantes y sabemos que vamos a permanecer en el lugar aún más, sin ninguna respuesta, por este motivo que a nuestro pedido de tierras agregamos que, ustedes como autoridad competente gestionen una pronta solución a nuestro derecho a la tierra. Queremos un acta compromiso y posteriormente un convenio firmado por las autoridades competentes que nos permita construir nuestros hogares en dicho lugar, que se declare la emergencia habitacional en la localidad. Sabemos que la propuesta de alquiler social fue entregada pero aún no se ha gestionado nada.

Ayer, jueves 28 de enero teníamos programada una reunión con el Intendente Fabio Stefani y Javier de los Rios la cual fue cancelada por el Intendente lo que nos lleva a pensar ciertos aspectos de lo que significamos para nuestros representantes.

Por las condiciones estructurales y las dinámicas que hasta aquí hemos atravesado, viendo los contextos de otros lugares en tomas de tierra y asentamientos, se acumulan privaciones y violaciones de derechos, con importantes variaciones entre los casos. Los ocupantes, fuertemente estigmatizados por los medios y por diferentes actores políticos y judiciales, sufren vulneraciones de derechos por las acciones y omisiones del Estado en las tomas, por la expansión de negocios usurarios y mercados ilegales y por la circulación de diferentes formas de violencia.

El Estado como promotor de condiciones de vida precarias en tomas y asentamientos.

La primera respuesta estatal a las tomas suele ser la amenaza de desalojo. (Que ya hemos pasado, aunque la amenaza sigue latente) Si este no se materializa rápidamente, deriva en procesos desgastantes de negociación, atravesados por maniobras dilatorias, por las que los ocupantes quedan en un limbo legal. Mientras tanto, deben auto organizarse para poder dar respuesta a necesidades básicas, que no siempre se pueden resolver.

Estar en una toma, como dicen muchos referentes, no es una cuestión sencilla ni épica. Las inclemencias climáticas se agudizan y  hay casos frecuentes en los que las tierras ocupadas son inhabitables. Hay vulneraciones de derechos en tomas de tierra y asentamientos, organizar la presencia permanente en el terreno para evitar usurpaciones y desalojos internos, al menos en los primeros tiempos. Muchas personas pierden sus trabajos por participar en una toma, ya que deben permanecer días o semanas enteras en el terreno. Las mujeres muchas veces se quedan solas o con niños, y son el blanco predilecto de grupos que realizan, ante la indiferencia o la connivencia policial, desalojos ilegales para acaparar lotes para la reventa.

Las estrategias de dilación y desgaste implementadas por los funcionarios estatales alimentan la situación general de incertidumbre en la que se vive en una toma. Profundizar esa inseguridad es una de las formas de debilitar la organización interna y promover deserciones. Diferentes testimonios señalan la acción de “punteros” que circulan durante la toma, quienes anuncian la inminencia de un desalojo y recomiendan abandonarla o realizar algún acto al estilo de vandalismo.

Algunos ejemplos en este sentido son los conflictos habitacionales que culminaron con la toma que dieron lugar a barrios como San

Cayetano o Sol de Humahuaca, en Florencio Varela. En estos casos, la toma fue el desenlace de un proceso de negociación trunco con el

Estado Municipal. Las tácticas dilatorias crearon las condiciones para una situación de vulnerabilidad extrema. Charlando con un participante de aquella toma así describe las condiciones de vida en el acampe mientras negociaban con el gobierno municipal:

“Hablamos con el gobierno. Nos dijeron que no había tierra disponible, que no había plata, que  vamos viendo dónde te metemos”. La cosa es que la gente se fue muriendo. Se murió un chico recién nacido de hipotermia, en una tormenta grande. Vivían ahí, no tenían dónde vivir. Y esa tormenta inundó toda la calle, entonces estábamos sobre la vereda y se levantó. Me acuerdo de las ratas. En el transcurso de los días que falleció ese pibe. Le agarró hipotermia, se le durmió a la mamá. El mismo frío lo mató”.

Luego de vivir durante más de siete meses en carpas, en condiciones de vida muy precarias, los delegados se dieron cuenta de que “el gobierno municipal estaba mintiendo” y resolvieron ocupar tierras para encontrar una salida a la desesperante situación.

Entonces te impacta esa manera, a veces nos quieren hacer aparecer como “Nooo, a estos tipos les gusta hacer tomas” o “son okupas” y el acampe como forma de reclamo que organizamos fueron luego de años de promesas del Estado, esperando o en lista de espera. Con los alquileres cada vez más caros y con muchísimos requisitos, Frente a eso  no es que a nosotros se nos ocurrió decir:

“Vamos a tomar tierras, qué bueno que la gente tome tierras”. Queremos un rol del Estado. Nuestro acampe es un reclamo de tierras o como lo llamamos espacio de reclamo.

El sabotaje constante de funcionarios políticos y judiciales a las propuestas de los delegados para regularizar una toma constituye una forma de aislamiento. Esto produce y reproduce condiciones de vida de precariedad extrema, que sólo se soportan por la expectativa de acceder a un lugar donde vivir.

Finalmente, esta forma de acceso a la tierra y a la vivienda supone, al mismo tiempo, vivir en condiciones de enorme precariedad. Las tomas informales de tierra constituyen escenarios de graves vulneraciones de derechos humanos. Quienes habitan en la informalidad suelen tener acceso limitado a servicios fundamentales. Además, viven en condiciones de incertidumbre en relación con la tenencia de su vivienda, y suelen ser objeto de violencia y extorsión por parte de actores estatales y no estatales.

El ejercicio de la violencia aparece como un elemento de regulación de las relaciones sociales y de resolución de conflictos, incluso de aquellos no ligados directamente a los negocios, con el fin de generar las condiciones de posibilidad para la acumulación de capital. Allí donde no hay organizaciones sociales con legitimidad suficiente, parecen no existir instancias de mediación reconocidas por los diferentes actores que intervienen.

Las agencias del Estado que deberían cumplir este rol de mediación y reducción de la conflictividad están ausentes o bien intervienen en el sentido contrario, alimentando la circulación de violencia. Las tomas y los asentamientos son escenarios propicios para el despliegue de negocios ilegales que, a su vez, refuerzan la informalidad

El Estado opera también como cómplice silencioso de las vulneraciones de derechos que se dan en las tomas y en los asentamientos, en tanto, por omisión, decide no intervenir sobre los mecanismos del mercado formal que generan una ciudad injusta y excluyente.

En este sentido, la implementación de políticas públicas que brinden una oferta habitacional accesible para todos los sectores sociales, tanto en el mercado de compraventa como en el de alquileres, no es sólo necesaria, sino una obligación estatal. Aquí reside una de las principales  virtudes de la Ley de Acceso Justo al Hábitat.

Vecinos Auto Convocados.

Vecinos Sin Techo VLA.

Guillermo D. Solis

DNI 28.953.038