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Wed, Apr

“Nadie está perdido para Dios; su paciencia no tiene límite”

Carta de lectores
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Alejandro Povolo expresa  "una vez le preguntaron al Maestro, que había que hacer para entrar al Reino de los Cielos y Él puso delante de ellos a un niño".

Sr. Director:

Uno de los temas que deben afrontar quienes están a cargo de organismos estatales (al igual que los privados) es la necesidad de preservarse y preservar a sus dependientes de los peligros ligados al dinero y al poder.  Ambos son sobrevalorados por el sistema, al punto de hacer girar a sus integrantes en torno a ellos. Ese giro alocado se convierte en un espiral sin rumbo hacia un agujero negro.

Hubo un tiempo en que un recaudador de impuestos fue llamado a dejar su tarea para seguir un camino de salvación. Nadie está perdido para Dios; su paciencia no tiene límite. El amor es paciente, enseña San Pablo. Dios es Amor y es Trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo). 

Ese amor que tiene el Padre por cada uno de nosotros, sus hijos, es lo que nos concientiza acerca del Espíritu. Y son las enseñanzas del Hijo las que indican el camino a seguir para no perdérselo.

Hace un tiempo pude ver imágenes del  Padre Pedro, a quien llaman “El Santo de Madagascar”. Es argentino y organiza la urbanización de pueblos donde basurales, salvando la vida de miles de familias condenadas a vivir comiendo desechos, enfermas y en el olvido.

Lo que más me conmovió fue ver a los niños corriendo tras él llenos de alegría. Una vez le preguntaron al Maestro, que había que hacer para entrar al Reino de los Cielos y Él puso delante de ellos a un niño. No hay mayor alegría que poder desplegar el amor en plenitud. Muchas veces no nos damos cuenta que tenemos alas para volar alto!

Cada uno, desde su lugar de trabajo, sea cual fuere su puesto (en especial los más altos cargos) tiene derecho a recibir capacitación, para poder obrar con humildad y vocación de servicio, trabajando en paz y con paciencia. Son las exigencias de un trabajo “digno” en este siglo XXI.

Los Reyes Magos fueron guiados por una estrella hacia el pesebre de un niño. La humildad de esos Reyes que se postraron ante el Salvador, fue más grande que todas sus riquezas. Nunca olvidemos que allí donde esté nuestro tesoro, también estará nuestro corazón.
Busquemos el Reino y su Justicia, que todo lo demás se dará por añadidura.
Feliz día de Reyes.

Alejandro F. Povolo
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Villa la Angostura