Manuel Tanoria, piloto y vecino de Cumelén, explica sobre este curioso accidente que ocurrió con un Sea-Bee frente a la desembocadura del río Correntoso.
Sr. Director:
Soy piloto (Patente comercial) de avión, de hidroavión y helicópteros. Mi familia fué de las fundadoras del Club Cumelén en Villa Angostura. Mi primer visita a Cumelen fué en un Cessna 180 (LV-GAO) al que le reemplazamos las ruedas por un par de flotadores EDO (sin ruedas) en la base de hidroaviones que la empresa ALFA tenía en Puerto Nuevo. En lugar del asiento trasero instalamos dos tanques auxiliares de 100 lt de nafta cada uno. Ellos abastecían mediante una bomba reloj manual el tanque derecho del avión.
Así llegamos en diciembre de 1953 en vuelo directo a Cumelen y acuatizamos en su bahía. Vivimos algunas zozobras en el viaje, que relato en detalle en un libro, Alas en el Alma que publicaré próximamente. Años más tarde marcamos con el Arqto. Eduardo Graziosi, también piloto, que vivía en Bariloche, lo que fué la pista de aviación de Cumelen. En ella operaban el Aero-Commander de Steverlynck, y otro aviones. Su reducida longitud provocó un accidente de un Piper Tri Pacer, donde se ahogó una pasajera (embarazada) en la boca del río Bonito.
Me fui a estudiar ingeniería a EE. UU. y ya de regreso, en 1971 aterricé en esa pista con un Cessna 182 (LV-FLE) con quien después se convirtió en mi mujer. Luego traje un Lake Anfibio LA-4, (LV-OCT) que utilizaba la bahía de Cumelen y era guardado en su playa. Me lo sacó sin autorización Gustavo Salamida, accidentándolo en el Lago Totoral. Más tarde traje un helicóptero Hughes 269.
Tengo una versión diferente del accidente de Capraro en su Sea-Bee en el Correntoso, que ya le comenté personalmente a Yayo de Mendieta. El Arqto. Graziosi era amigo personal de Capraro y éste le contó su accidente con el Sea-Bee. Decolando del Correntoso, ya elevado unos metros sobre el agua, se cortó el cable que comandaba el paso de hélice, dejando al avión sin potencia.
Ello provocó un “panzazo” del hidroavión sobre el agua, lo que le produjo una fisura en el fuselaje, por la que el avión comenzó a hundirse. Un testigo del accidente tomó un bote y remó hacia el avión. Capraro no sabía nadar y su salvador alcanzó a tomarlo literalmente de los pelos cuando el avión ya se hundía. Los trabajos de rescate del avión desde una profundidad de 70 m son también relatados en el libro mencionado. Tuve oportunidad de ver el avión, ya restaurado, en un hangar del aeropuerto de San Fernando.
De las dos versiones diferentes del accidente, me inclino por la de Graziosi. Mi anfibio Lake tenía un diseño parecido al Sea-Bee. Abrir una de sus puertas en vuelo para saltar (100 kph) lo podría hacer solamente Tarzán, ayudado por el increíble Hulk. Y el daño que muestra la foto del Sea-Bee recuperado no es compatible con el de un avión sin piloto estrellándose contra el agua. Es más probable producto de un “panzazo” con Capraro en los controles. De allí es que cuando se lanzan paracaidistas desde un avión se retire completamente una de las puertas.
Mi círculo de amigos de Cumelén se vio reducido cuando traje el hidroavión y tuvo una segunda deserción con el helicóptero. Los socios de Cumelén amenazaron con echarme si persistía en mis vuelos.
Hay otras aventuras aeronáuticas en la zona. Por ejemplo la de un Helicóptero Hughes 500 que se estrelló en Cerro Bayo cuando mi amigo e instructor Carlos Zarlenga tocó una roca con su rotor de cola. Seguramente distraído por alguna de las modelos en bikini que estaban filmando para un comercial dirigido por Luis Puenzo.
Recientemente nos visitó el recién elegido presidente Macri, que aterrizó en helicóptero en el hoyo 8 de la cancha de golf de Cumelen. Ello motivó que yo le dedicase unos versos recitados en ocasión de mi 80 cumpleaños festejados el 19 de enero de 2016.
“Desde la Casa Rosada
vino el trio presidencial
Dicen que, menos mal,
la que alli manda es Awada.
Juliana te pido un servicio
Que solo vos podés lograr
Que me dejen aterrizar
Donde el heli de Mauricio”
A la espera de la próxima publicación de “Alas en el Alma” ofrezco a Uds. adelantar algunos relatos que describen episodios aeronáuticos en Villa La Angostura. Pienso eventualmente hacer una presentación local del libro cuando se publique.
Ing. Manuel J. Tanoira
Villa la Angostura