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Wed, Apr

El pibe Marcos Acuña, una historia de humildad y sacrificio

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El neuquino fue una de las figuras del seleccionado nacional en el partido ante Venezuela, pero nada en la vida resulta sencillo sin la base del sacrificio.  

 

Su historia se enmarca con letras de molde en la de un pibe al que todo le costó demasiado. La pelota resultó el mejor antídoto para sobrevivir a las duras calles de tierra y piedras del barrio de las 70 viviendas, de Zapala, justo detrás de la cancha del Don Bosco, el club en el que Acuña era la estrella de la categoría 1991.

En el año 2008 vistió la camiseta de la selección de Neuquén, mismo año en el que el equipo de Caballito le devolvió la sonrisa por estar en un club grande de Buenos Aires. River, Boca, Argentinos, San Lorenzo, Quilmes y Tigre lo habían dejaron sin margen.

Los primeros meses en el verdolaga tampoco fueron óptimos. Sin espacio en la pensión del club, su mamá Sarita junto con Gabriel Rouret, Daniel Mellado y Claudio Joselovsky (tres integrantes de la liga infantil de la cual surgió) se hicieron cargo del alquiler de un departamento pequeño en la zona de Floresta.

Su primer contrato con Ferro se demoró y fue mamá Sarita quien resolvió todo con un llamado. De forma casi inquisidora le pidió que rubricara el contrato porque en ese club tuvo su oportunidad y no podía ser mal agradecido. Una enseñanza, un tirón de orejas, de la que hoy se ríe y recuerda.