Es Adrián Rojas que tiene una carnicería y barra de degustación en un céntrico barrio de la capital de España, donde la crisis del coronavirus golpea muy fuerte. Por la emergencia su comercio está cerrado, pero decidió ayudar a los más necesitados.
“Buenas tardes, estoy terminando de servir la comida de hoy. Acá son las 14.55 (21.55 hora argentina). Había arrancado a las 14, termino de servir y te contesto”, respondió a LA ANGOSTURA DIGITAL Adrián Rojas desde Madrid, donde vive desde hace 10 años.
Adrián abrió hace un año el comercio Casa 28 Comes en el centro de Madrid. Es una carnicería y barra de degustación. Un proyecto que arrancó a media máquina y levantó vuelo desde hace unos meses, pero que la crisis del COVID-19 (coronavirus frenó).
Adrián cerró su comercio a partir del aislamiento obligatorio que se impuso en España para tratar de frenar el avance del brote que en Madrid mató a centenares de personas.
Pero miró a su alrededor que había necesidad. Que muchas familias no tenían un plato de comida y decidió empezar a cocinar para distribuir raciones gratis en su comercio.
“Arranqué con muy poca infraestructura. Empecé con una olla mía a presión de 7 litros que me regalaron para Navidad, Después, me prestaron una de 30 litros y ahora tengo una olla de 50 y ya estoy haciendo comida en la de 50 y la de 30 litros”, explicó a LA ANGOSTURA DIGITAL.
Empezó dando de comer a un grupo de personas, pero el comentario fue circulando de boca en boca. Ni siquiera tuvo que difundirlo en redes sociales. Un solo cartel con letras grandes que avisaba que podían retirar raciones de comida gratis fue suficiente.
“Cada vez hay más gente jodida, que la echaron del trabajo, que no tiene un mango para nada y que se acercan acá para buscar un tupper para llevarle también a la gente que está en su casa. Muchos vienen y me dicen que son 4, que son 5”, contó Adrián.
“Y lamentablemente el Ayuntamiento de Madrid no pudo hacer frente, con la complicidad de cada ciudadano que cree que lo único que tiene que hacer es quedarse en casa, que es lo correcto”, comentó.
Pero agregó: “Si ya te sentís bien con quedarte en casa y la mayoría en este país vive en una casa, porque es un país que está muy desarrollado, con buen nivel de vida y un poder adquisitivo, una moneda común como el euro, que es muy fuerte, no hay inflación y con el salario mínimo llegás a fin de mes, igual sigue habiendo igual desfavorecidos invisibles”.

“La cuestión es que aquellas familias humildes que estaban al límite, como puedo ser yo o los camareros, o gente que acaba de llegar o de arrancar, con el correr del tiempo va a estar más jodida”, sostuvo Adrián.
“Acá hay gente que viene caminando de barrios que están a 8 o 10 kilómetros. Lo cual me sorprende mucho desde la repercusión mediática que está teniendo todo esto. Hasta la repercusión en la gente, que viene de tan lejos a buscar algo de comida, y eso significa que alguien está actuando mal”, opinó Adrián.
Ayer miércoles comieron 67 personas, “pero el 80 por ciento se lleva comida para algún compañero o compañera. En total sirvo unas 120 o130 raciones”.

Dijo que los mercados donan mucha comida. “Mercados de abasto, no grandes marcas. Familias que tienen sus puestos, mi carnicero, el verdulero, y contagian a otros. La panadería de esta misma calle ( calle del Espíritu Santo) trae todos los días pan y sandwiches o tortilla o empanadas”, destacó.
“Luego, los vecinos aportan lo que pueden. Dinero o comida, guantes, barbijos, lavandina”, relató. “Hoy un vecino vino con una tablet, se conectó a mi internet y ayudó a la gente a anotarse en la página de la seguridad social para cobrar el desempleo”, valoró. “Aunque la página no funcionaba, muchos aprovecharon y enviaron mails a sus familiares”, relató.
Su historia
Adrián contó que abrió un local en el barrio Malasaña de Madrid hace justo un año. “El 1 de marzo hizo un año desde que lo abrí. Es una carnicería fusionada con bar, donde doy degustaciones, trabajo con carne de primera, algún corte argentino”, manifestó.
“Fue muy duro empezar, porque empecé en marzo, luego vino el verano, muy duros los inicios. Pero a partir de octubre-noviembre me empezó a ir muy bien y hasta febrero me fue estupendamente. Hicimos la fiesta del aniversario y de repente se pinchó todo”, recordó.
“Entonces, lo que me nació hacer primero fue todo lo que tenía perecedero, lo que tenía descongelado lo puse afuera con un cartelito que decía que agarren lo que quieran, que era gratis, y de repente hubo demasiado gente agarrando las cosas”, comentó Adrián.
Pero todo arrancó antes. Contó que fue padre hace 10 meses, y que vive con su esposa y su hijo al lado del local, hace 10 años en Madrid.
“Me pegó muy fuerte una foto que vi de un padre sirio con su bebé, que habían bombardeado la escuela de su hijo y queriendo entrar a Turquía, los turcos disparando gases y arremetiendo contra los refugiados sirios que querían llegar a Europa”, recordó.
“Y empecé a replantearme muchísimas cosas, sobre todo, con esto del coronavirus”, aseguró.

Dijo que pensó en la impotencia de ese padre “y que jodido debe ser vivir una situación así, con esa impotencia dramática y que no le puedas reclamar a nadie y que de repente toda tu vida se vea patas para arriba”.
“Y bueno ahora estamos todos metidos y es increíble como podés reflexionar y darte cuenta que miraste para otro lado todo el rato”, sostuvo.
“Viviendo tu vida y enroscado con lo tuyo. Un poco excusándote y creyendo que hacés lo correcto metiéndote en tu propio mundo y en tu negocio, en tu familia, en tu casa con la complicidad de todos, la mía, de los medios de comunicación, de todo el mundo, porque acá te ponen que se ahogaron 15 subsaharianos y la noticia siguiente es que Mesi hizo el gol número 8 mil”, aseveró Adrián.
“Entonces empezamos a normalizar ciertas cosas que no pueden ser normalizadas nunca. Nunca más las tenemos que normalizar. Y ahí empecé”, relató.
El disparador
Dijo que un jueves fue el último día que abrió su comercio. El sábado ordenaron cerrar los restoranes y el lunes ya estuvo el estado de alarma.
“Entonces, el domingo a la noche, tenía 3 kilos de dulce de leche, entrañas, vino tinto, mi mujer divina, mi hijo de diez meses, televisión, Netflix, computadora, teléfono, todos los chiches y así y todo iba a ser duro, pero ¿qué pasa con la gente que no reúne esas condiciones?”, se planteó.
“Y qué pasa si la gran mayoría, que en el caso de Argentina es una gran minoría los que pueden quedarse en casa, los que tienen casa realmente y pueden disfrutarla, ¿qué pasa si todos nos quedamos en casa y no miramos ni echamos un ojo al necesitado?”, observó.
“¿Qué pasa con aquellos que no tienen el hastagg “Me quedo en casa”?, ¿qué pasa con los miles de abuelos y abuelas que viven solos? Que aparte de ser los más vulnerables ante la crisis del coronavirus, es la población a la que más ataca, se les pierde también su círculo social que es importantísimo para ellos”, planteó.
“Acá tengo una vecina que tiene 94 años, que todos los días salía a las 9 de la mañana y volvía a las 22. Se iba al centro de jubilados, comía ahí, jugaba a las cartas con las amigas, toda esa vida social para una persona mayor es fundamental”, enfatizó. Pero todo cambió.
“Entonces, cuando lo escuché acá, pensé que era una Fake News (noticia falsa) que el Ayuntamiento de Madrid suplantaba los comedores escolares con niños con riesgo de exclusión social por un menú de Telepizza, el equivalente a un mac donalds, muy malo, y no me parecía lógico”, cuestionó.
“Son 11.500 personas que hay en Madrid en exclusión social, la presidenta de la comunidad Isabel Díaz Ayuso dice que no se puede y yo creo que sí se puede”, sostuvo.
“Entonces, se me ocurrió hacer una olla popular. Pedí un fuego de inducción que me prestó un amigo, que tiene una fábrica de cerveza, una olla y un día le dije a mi esposa: voy a hacer unos porotos blancos”, contó Adrián.
Dijo que un lunes puso un cartel en letras grandes “y se llenó de gente”. “Mi objetivo hubiese sido que no venga nadie y yo me iba a casa, pero se llenó de gente. Entonces de a poco arrancó una red de vecinos. La chica que me lleva el Instagram y empezamos una red de vecinos a colaborar y hacer donaciones, mi proveedor de carne, de verduras, los mercados populares”, aseguró Adrián. Hoy, volverá a cocinar para más de cien personas que necesitan una ayuda.