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Fri, Apr

Destacan los 30 años de servicio en el hospital local del Dr. Samuel García

Carta de lectores
Tipografía

El Dr. Hugo Panessi escribe para hacer un merecido homenaje a "un compañero, una personalidad destacada de la institución y de nuestra comunidad", como lo es el Dr. Samuel García.

Sr. Director:

El 29 de Marzo se conmemoró y se celebró el aniversario número 4 de la inauguración del edificio del actual Hospital. Oscar Arraiz. Concurrimos trabajadores de diferentes áreas,  autoridades zonales con su jefe y miembros de la cooperadora.

Se compartió un almuerzo frio elaborado por el personal de la cocina y una torta adquirida por la Cooperadora. Con un conjunto de compañero decidimos que era un buen momento para homenajear a unos de los compañeros más tradicionales, que cumplía años redondos en forma  ininterrumpidamente en los diferentes edificios hospitalarios de nuestra localidad, y que silenciosamente, como al pasar  había comentado que cumplía 30 años de servicio.

Me estoy refiriendo al Dr. Samuel García, un compañero que conozco desde hace 33 años,  ya que tuve la suerte de hacer la residencia médica en el Hospital de Olavarría y allí él estaba como R3 y yo como un novel recién ingresante R1, él era mi jefe instructor y hoy  no me canso aún de aprender como médico y como persona, de  este excelente compañero

Así fue que le entregamos un simple pergamino con la leyenda “Al legendario Compañero Dr. Samuel García,  Gracias por estos 30 años de trabajo en nuestra institución.” “Pues que viva España y los Pincha ratas”. Una frase que la repite graciosamente, haciendo  honor a sus antepasados y el club de futbol de sus amores.

Lamentablemente omitimos la entrega de un recordatorio a otros compañeros que también hace tanto tiempo nos acompañan en nuestra diaria labor, Marcela Barría de Tierno, 30 años de trabajo  en Gestión de Pacientes y Leonardo Gatica agente sanitario de 31 años de trabajo.

Cuento este breve episodio en primer lugar para compartir con los lectores, este pequeño y emotivo acto, compartir  la alegría, el placer de tener compañeros que merecen el reconocimiento no solo de sus pares,  sino de la comunidad que asistimos con mucho cariño y profesionalismo.

Lo triste es que se haya perdido esta hermosa y sana costumbre de las instituciones,  de homenajear a sus trabajadores, ya que antiguamente éste era una valiosa y sana acción al cumplir 25 años.

Tal vez algunos hallan cambiando ciertos valores, tal vez nuevos jefes con mentalidades diferentes, tal vez la vorágine de los cambios en nuestra institución, tal vez el ingreso de un importante número de nuevos compañeros, tal vez las urgencias y nuevas necesidades, tal vez hoy tenemos menos tiempo, más y nuevas exigencias para con el pueblo. 

La sensación es que le damos más  valor a las cuestiones materiales, como a las paredes, el techo o las ventanas, que sin dudas son importantes, pero nos olvidamos de lo imprescindible que somos los trabajadores, los que día a día dejamos familia, obligaciones personales y aportamos con nuestras energías lo mejor que tenemos para hacer notables, entrañables y queridas nuestras instituciones.

Mi esperanza es  que en esta institución el Hospital Oscar Arraiz,  como en el resto de las instituciones del pueblo en que vivo y trabajo desde hace 28 años,  recuperemos la mística de darle el valor a lo  que yo humildemente considero prioritario, los seres humanos,  los trabajadores, el darle un mínimo  reconocimiento, más allá de todos los días, también una vez cumplido un tiempo mensurable en sus puesto de vanguardia, en su trincheras.  

Me resisto pensar que  somos material descartable, como lo podrían ser una jeringa o una ajuga, somos los que tenemos alma, sentimiento y dejamos mucho en cada acción en cada día de trabajo.  Somos los que hacemos nuestra pequeña gran historia diariamente y  aportamos a la historia personal de nuestros pacientes y lo que hacemos a la  verdadera y más grande  historia de nuestras instituciones como al pueblo mismo.

Por último quiero hacer mías unas palabras que pertenecen a un juglar popular, que me hacen acordar por estas épocas, a aquellas que vivimos en nuestra juventud. 

“…no te voy a negar que he ganado mañas, 

ni te voy a decir que no pierdo el pelo.

Más no es cierto que el tiempo  nos cambia el rumbo,

esa es la vieja excusa del derrotado,

la baraja se gasta, nadie lo niega, 

pero conserva siempre los cuatro palos. ….

estoy festejando con un amigo  la pequeña victoria de ser el mismo.”                                

(J.C. Muñiz /Enrique Llopis).

 

Dr. Hugo O. Panessi

M.P. 1743

Villa la Angostura